martes, 17 de julio de 2012

Lo lindo del infierno, por Sheva López




Si pudiese clavarle un puñal a mi memoria sin tajarme la cabeza no lo dudaría ni un metro. Y es que ni te imaginas todo lo que me envuelve de ira no poder recordar el color de tus ojos. Ya son años intentando no olvidarme de la paz que me dan tus manos o el sabor que tu voz supo darme alguna vez. La presión que siento en las sienes es ya incesante cuando trato de recordar lo inmanejable que son tus piernas y lo inexorable que son tus manos. La desesperación le lleva años luz de ventaja a mi templanza. Y es que no puedo acordarme lo sagrado que era oírte respirar. Me da vergüenza admitirlo mujer, pero... no me acuerdo de nada que tenga que ver con vos. Y no es que ya no quiera vagar entre tus problemas. Consumiría mi vida vagando en ellos por el sólo hecho que sean tuyos. Ni tampoco es que mi sangre ya no conduce las letras de tu nombre. Ni que las aguas de tus ojos hayan hartado los hilos de mis hombros. No es porque exista otra ninfa que me saque de los sueños preguntando por mis dedos. Haría hasta lo imposible para que entiendas que esa mujer, aquella, delgada, alta... esa, la que tenía caderas de oro y tobillos de plata, no me llena ni la mitad del tórax. No hay motivos que no conozcas. Más que nadie mujer sabés cuál es la causa de mi amnesia. De mi ira y mi congoja. De lo penoso que me resulta no acordarme del uno por ciento de las partes de tu cuerpo.
Y es que, el noventa y nueve restante de tu ser es mi mártir. Mujer... el color de tu pelo. No hago otra cosa que pensar en tu pelo. Hace meses no duermo imaginando lo triste que sería vivir entre tu pelo; y lo feliz que sería morir en esa tristeza. Que bohemio sería yacer el resto de mi vida en las pecas de tu espalda. Compraría millones de bocas para poder besar cada una de las pecas de tu espalda. Y tus cejas, no son cejas, son adornos precisos del infierno que es tu cara. No hay nada que me incite mas a pecar que tu cara. El sur de tus labios mujer, podría pasar todo un invierno con el sur de tus labios entre dientes. Ni el pasado que te encierra ni el presente que me aleja rendirán el deseo de tenerte entre algodones. Ni las Biblias inmorales ni los libros ni las misas conyugales me convencen a dejar el pecado que es mirarte con ojos de culpable.
Vivir en vos sería vivir lo lindo del infierno. Ni azotes ni plegarias borrarían la piedad que me genera estar entre tus pecas y escuchar tus rezos vagos. Tu mano alzada sobre el lienzo que mantiene la columna del infierno, pinta ángeles perfectos, sin los pies y sin las alas. Y yo inmutable que te miro, ofrendando lo profano, pergeñando lo divino y basándome en lo osado.
Mujer, si hasta el color de tu boca combina con tu alma. Si en las líneas de tus manos se lee fácil tu destino, sin San Pedros y sin nubes, con peajes y asesinos. Entre túnicas lo veo, reposando entre tridentes, ni tus ojos ni tus dientes brillan tanto como tu pelo. No te asustes si te cuento que son 19 las almas robadas, por mis manos ensangrentadas, ofrendando el color de tu aura, es el rojo del infierno que me llevó a matar a tantos, poder estar entre los infieles, para encontrar tu vil ternura. No es la calma ni la misericordia lo que te describe entre mis brazos, es lo infame de tu pelo, rojo, violento, extraño... y el sonido de tu alma.


Hernán López, contemporáneo.

2 comentarios:

  1. No puedo creer que escribas estas cosas. No es que te subestime, nada mas lejos de eso. Pero si me dijeran que las escribió el mismísimo Cortázar lo creería, son excelentes! Me encanta. Te felicito!

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  2. Gracias por el apoyo. No voy a hacerme cargo de la comparación con Cortázar, pero de verdad te agradezco tu tiempo y todo el apoyo. Abrazo enorme.

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