viernes, 13 de julio de 2012

Tener tus ojos, debe ser ilegal..., por Sheva López



   No te camufles los ojos con el mar porque voy a resistir las olas necesarias hasta llegar a nadarlos. No mires hasta el cielo para fundirlos entre las nubes porque voy a morir las veces que se precisen para reencontrarlos. 
   No disuelvas tus ojos en la arena porque voy a esparcirla cuanto sea preciso hasta ver que me veas. No los entierres en la orilla porque soy capaz de desvelarme en su búsqueda cuerpo a tierra. 
   No escondas tus ojos entre la arboleda que nace en los orígenes del morro porque lo escalaria tan descalzo y tan desafiante como Dios me permitiese hacerlo. No los tires al abismo porque saltaría cuantas veces la gravedad soporte mis embates. No los quemes mirando firme al sol para que yo no pueda reconocerlos al cambiar de color, tímidamente. No los guardes ni al pestañar porque sería demasiado parecido a sembrar tiempo muerto. No los decores tanto ni los contextualices otro poco, que de por sí ellos saben dar el presente a viva voz. No los envuelvas en tristeza porque podrían ahogarse en agua salada que lejos esté de ser hija del mar. No los atormentes con todo lo que a tu mente le gusta ver, recordá que para ella son sólo un instrumento, un medio, cuando en verdad, ellos son un fin en sí mismos, que vean lo que tengan que ver: todo.  No dejes de obligarlos a que te vean a menudo, sucede que más de uno querrá hacerse de ellos y deben acostumbrarse a ser sólo tuyos, porque sólo en vos son lo que son.
   No los enfoques en los míos, no circunscribas mi campo visual ligándolo al tuyo. No me mires inconsciente sino con razón, no me esquives la mirada indiferente, hacélo convencida. Argumentá con tus ojos tanto como sea suficiente para que los míos créanse indignos de cruzarlos, culpables de todo y de nada. No los acerques a mi ser porque podría atesorarlos tanto que ya no habría muelle que soporte tanta piratería amenazante. Podría enmarcarlos en mi mente como el cuadro que nunca nadie pintó pero que todos quisiésemos colgar en la pared de los recuerdos.
   Tus ojos son el viento que agita el parapente, son la ola que desequilibra al surfista, el agua que de salada y de prepotente amenaza a la orilla una y otra vez, son el crecimiento del caudal que hace subir la marea, son la fuerza de las piernas de hombres y mujeres que suben y bajan del morro constantemente, son la sonrisa del niño que arma su primer castillo y la esperanza que se despierta en el que ve el mar por primera vez. Son la melancolía del que extraña su país y la congoja del que no puede más que quedarse en él. Son la energía, la fuerza, el vigor, la virtud y son tus ojos. Son mar, sol, playa, arboleda y tuyos de nuevo. Son desvelo, tristeza, anhelo, congoja y nunca míos sino tuyos y siempre tuyos porque son tus ojos. Son lo mejor de lo peor y lo mejor de lo mejor también y son tus ojos. No respetan normas ni acatan orden alguna. Tener tus ojos, debería ser ilegal…


Hernán López, contemporáneo.

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