miércoles, 1 de agosto de 2012

A los chicos de Cromañon en 2008, por Sheva López




No hay atajos para el dolor. O quizás sea, que en realidad sobran. Todos nuestros ojos irradian luces hasta en los momentos más oscuros, pero sin engañar ciegos, las sombras pueden ser tan abrumadoras como imbatibles. No hay algarabía en mi treinta de Diciembre, ni hay consuelo en mi memoria. Hay pasajes grises estacionados por meses, por años. Hay tristeza en las paredes de mi emoción que empapeladas de infortunio no se animan a recibir ciertas claridades. Por mis venas pasa odio, odio puro. Odio que disfrazado de impotencia apuñala la coherencia del ser digno de Allah. Rencores que son indefectiblemente motores de impulsos incontrolables. Palabras desencontradas, discusiones, teatros, mediatizaciones, solvencias, esclavitudes y despechos. Ya se formaron las cuatro puntas de la cruz que tantos cargan con desasosiego.. Perdimos tantos Callejeros como tranquilidades, tantos amigos como inocencia y tantos hermanos como paciencias. Ahora los recuerdos son las sogas que no permiten caer por el barranco o los frenos que no dejan colisionar nuestra mente contra el suelo. Ahora son las almas que agitan rocanroles, las huellas que marcaron una era y el final que desató un nudo conocido hacía tiempo por todos. Pero, las palabras son tan inertes. Infinitas descripciones existen para la desgracia pero pocas para el recuerdo. Yacen miles de decepciones entre los brazos de la penumbra pero también posan alas sobre los dedos que se extienden de sus manos. Alusiones y homenajes supieron rellenar vacíos, pero no calman la sed, no la calman. Entre marchas y canciones, entre fiebre y desazones andamos un camino al que le faltan pasos. Pasos que no oímos hace cuatro años ya. Ruidos que volverán solo entre sueños, frases que quedarán en nuestras pieles, corroídas por el tiempo.
Nuestras pestañas sostienen la ira que alcanzan a barrer de nuestros ojos. Ojos que han visto lo peor y más. Nuestras manos ahora se estiran para caminar junto al viento. Al viento que de a ratos sopla tan pero tan parecido a tu alma... tan parecido a tu risa y a tus llantos cuando se desatan vestidos de lluvia. Lluvia que arrastra mis tobillos a tu cielo, a mi última esperanza en la unión de tu voz y mi oído. Nuestras rodillas jamás se cansarán de marchar en su nombre o de saltar en su defensa. De inclinarse para llorarles o de estirarse para intentar tocarlos. Nuestros hombros están firmes como sus sueños y convicciones, como sus deseos y metas, están preparados para resistir todo el peso de su aura agitando “Parte Menor” carajo... sobre nuestros hombros, nuestros hombros que tienen memoria agigantada. Y nuestras gargantas gritan mentiras y verdades con la misma voracidad, se salen de si, llegan a las nubes que nunca fueron de algodones y que ahora encima son las cunas de sus ideales.
Se dice que la expresión depende directamente del presente. Y si bien otros años esto ha sido más esperanzador, este año fue así, una mierda, una vena explotada, una sien impactada o un veneno que jamás se irá de nuestra sangre. Hoy fue así, hoy solo habla el silencio, como se supo escuchar en ciertos acordes. Hoy el duelo es más difícil, las sombras inundan los medios y el circo nuestras pupilas. Hoy nos bandeamos de juicio en juicio, de guerra en guerra. Los recuerdos, las esperanzas, los agites y los aguantes quedaron relegados a nuestra absolución de culpabilidades. Aplaudimos la censura, la barbarie y el desorden. La vulgaridad de lo cotidiano en algo que paso de ser profano a sagrado en una noche. Estos textos están para recordar a los pibes, sirva de poco o de mucho, para eso están, para demostrar a la masa enardecida que nuestros Callejeros caídos son dignos de paz y silencio y no de gritos indignos en sus tumbas. Que son dignos de justicia y que la buscaremos hasta inventarla si es necesario. Pero que la buscaremos. La buscaremos. La buscaremos. Y la buscaremos. No nos quedaremos con lo más fácil, con lo que más nos calma el incendio que es nuestro pecho cada treinta de Diciembre. La buscaremos hasta encontrarla, hasta que Jah nos la muestre, guiado por ciento noventa y cuatro dedos índices que nos indican la verdad.



LOS PIBES DE CROMAÑON PRESENTES...
AHORA, Y SIEMPRE.

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