sábado, 25 de agosto de 2012

Al no saber escribir poesía, por Sheva López




Que el fuego arda incontrolable
Que arda en ella y en su pelo
Que en las demás mujeres brote el celo
Que la odien, toda, inalcanzable.

Cuando llore de amor que la ignoren
Cuando ría su luz encandile
Cuando al sol abra sus ojos admire
Cuando Dios crea algo a su imagen.

Porque errados la vemos perfecta
Porque sabemos de jamás anhelarla
Porque ni entendemos el don de tocarla
Porque culpables somos de que sea selecta.

Tan armoniosa y voraz su cintura
Tan atrevidos movimientos bosqueja
Tan inolvidable es la estela que deja
Tan enfermo volveríame al verla mi cura.

De su espalda no cambio un detalle
De su rostro no hablaria profano
De tenerla en frente sentiriame aterrado
De no tener palabras que le rindan homenaje.

Por verla alegre subiría para arrebatar del cielo
Por contentarla, una estrella robaría y en su casa
Por nunca mirarla triste dejaría en su terraza
Por saber que al mirarla recuerde, feliz, que es mi anhelo.

Y no hay tiempo que sea digno para disfrutarla
Y no hay acción que me lleve a convencerla
Y es que mis manos quieren siempre retenerla
Y a mi memoria no le es fácil olvidarla.

Creo por momentos que su rostro es fiel imagen
Creo mi mente traiciona a mis ojos inocentes
Creo en verdad nunca haberla visto entre la gente
Creo que de existir algo tan lindo, yo yacería a su margen.

Su voz es como el viento cuando de cólera se inunda
Su espalda como el fuego cuando el agua lo entristece
Su andar como el reflejo que solo se embellece
Su risa es maravilla. De las siete, la segunda.

Yo me supe testigo de su cuello
Yo la vi sentada y en penumbras
Yo sentí sus ojos cuando no alumbran
Yo con mis manos intente extender su pelo.

Quizás por eso, puedo escribirle estos versos
Quizás el porqué de escribirle tanto
Quizás necesite ayuda de un aire Santo
Quizás solo así pueda hablar de sus besos.

No la envidio porque no es justa su belleza
No la extraño por pensarla a madrugadas
No imagino un recuerdo sin ella dibujada
No enciendo la luz por miedo a su ausencia.

Nunca pude entera soñarla
Nunca en detalle forme su silueta
Nunca encontré aquella santa receta
Nunca en sueños la suerte me ayuda a encontrarla.

Si paseo en su sonrisa, me tienta de ella ser esclavo
Si estaciono en sus mejillas, mutaría hasta ser beso
Si hablaría de sus piernas, consumiríame el deseo
Si me acuerdo de su cuello, lo canso con halagos.

Ella no se muestra, no vive las mañanas
Ella pasa por alto las tardes y empieza a ser oscura
Ella sigue sin las noches y se esconde sin llanuras
Ella vive sin el tiempo, encontrarla en él es una hazaña.


Hernán López, contemporáneo.


nota del autor: debería llamarse, "el insulto a la poesía".

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