jueves, 9 de agosto de 2012

Carta a mi Sobrino, por Sheva López




Te miro y te veo igual que ayer. Me llena el alma verte llorar y moverte como me imaginé alguna vez que lo harías. Me río desconsolado cuando la retrospectiva me lleva de tener el teléfono en la oreja viajando en el subte de vuelta a mi Banfield querido -mientrás escucho que la persona más importante de mi vida me cuenta que va a ser mamá-, hasta tenerte gritando en mis brazos como si El Taladro fuese campeón una vez más.
   Me comprime la mente la presión que generan todas las imágenes que me creo a mí mismo, avizorando todo lo que podremos hacer mañana. Te veo tan igual...
   Y pensar que escribo esto y nos cruzamos sólo dos veces. Será lo que algunos llaman amor a primera vista, o puede que sea lo que yo llamo amor para siempre.
   Yo, una persona que tiene al futuro como presente y que no puede evitar pensar más en mañana que en hoy, me tiento todos los días con permitirme un ratito de mi día para imaginarte crecer y que estés conmigo en todo lugar donde me toque estar. Y por primera vez en mi vida me siento un egoísta y me encanta serlo. Porque no te compartiría ni con tu propia madre.
   Pero por lo poco y mucho que te conozco, la vas a elegir más veces que a mi, y aunque me dé envidia (igual que a tu papá), en el fondo te entiendo, porque no hay mejor mundo que aquel planeta donde mi hermana es Reina.
   No obstante, no vas a tener suerte para siempre, y cuando ella se descuide, ahí voy a estar para hostigarte con mis gustos, mis pasiones y mis vicios. Porque vas a pisar el Florencio Sola más veces que el Libertadores de América, aunque tu papá no lo quiera. Vas a ver números y a conocer más historias de las que querrías conocer, porque aunque no te gusten, sé que no voy a poder soportar las ganas de hablarte más que a mi mismo como cada vez que camino en soledad.
   También voy a disfrutar cuando llores, cuando te enfermes y cuando te lastimes, porque así aprendí yo a ser hombre y sé que vos también lo serás, más rápido y más mejor (sí, sí, "más mejor"). Porque mejor es el que hace lo que siente hacer y nadie en el mundo te va a superar en esa consigna.
   Y pasan los renglones y te sigo viendo tan igual... también pasan los minutos y aunque tengo mucho sueño y mucho por hacer mañana, más tengo por decirte y más por extrañarte aunque te haya visto hace menos de una hora.
   Facundo, no hay mejor futuro que el que uno crea con el presente y aunque tu apellido no es Quiroga, tenés alma de caudillo y espalda de Santo; esa combinación no es menos que prometedora. Promesas te haría mil, pero no creo poder cumplirlas, porque mi nombre refleja una lucha constante, refleja el trabajo y el esfuerzo y el tuyo representa grandeza (y sólo los grandes cumplen todas sus promesas). No puedo evitar envidiar que tu vida esté destinada a la felicidad y que la mía sólo conozca esa sensación en algunos momentos aislados, pero sé entender que a algunos nos toca conocer lo amargo a menudo para disfrutar de lo dulce luego; y a otros como a vos, la dulzura les inunda el paladar todos los días.
   Espero, deseo y añoro, verte siempre tan igual como hoy te veo. Suplico verte al lado mio, sea en La Tierra con vos, sea desde donde me toque estar cuando crezcas. Sólo pido verte, igual, como te veo ahora.
   Y el sueño te gana la batalla. Y no hablo del tuyo (sé que ahora estás durmiendo), sino que hablo del mio propio, que ya le gana a mis ganas de seguirte escribiendo. Porque me aburrí de decirte tantas cosas que de aburridas tienen para mí de importante que sepas. Cuando aprendas a leer y sepas que desde tu primer día de vida, ese tío que te regalo tu primer mamadera (la que te tomaste hace un ratito cual esponja), va a estar en cada minuto de tu vida como si fueran las horas de la suya propia. Sólo te pido, cuides a tu mamá como siempre yo intenté cuidarla y que sepas hacer más fuerza que ella para soltarte de su mano de vez en cuando y enfrentar la vida que te toque enfrentar, cualquiera sea y en cualquier condición que te toque hacerlo. Porque el que enfrenta la vida no tiene otro final que la victoria y el que le escapa, no tiene otro final que encontrarse con la nada.
   Estoy orgullosamente convencido de que sabrás vivir con menos preocupaciones que yo y que tocarás la felicidad más rápido y firmemente que lo que yo supe, sé y sabré hacerlo. Porque mi objetivo o fin en la vida todavía no lo encontré y vos, con tus días de vida, ya lo llevás tatuado al reverso del alma: ser feliz, y con tu felicidad, llenarnos de esos momentos felices que tanto nos cuesta conseguir a nosotros. Tan pero tan igual como lo imaginé ayer...

Hernán López, contemporáneo.


nota del autor: te ama, tu tio más jóven... por siempre.

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