lunes, 13 de agosto de 2012

El cuento incompleto, por Sheva López




Volver y venir, en mi tema, son las mejores notas. Dormir, despertar, no salir, en mi mansión, son los mejores cuartos. Volar, recordarte y extrañar, son las mejores piezas de un rompecabezas que sostiene erguidos mis oídos.
No se cuan justo es preguntarme, si es justo que me pase algo tan injusto como lo que pasa hoy. Porque injusto es pasar por la noche y volver a los días saltando las tardes por pensar en su nombre. Injusto es vivir inundado de lo justo que es pararse atrás de su espalda teniendo a su nuca de amiga inseparable. Y su pelo que de largo y de rebelde tiene lo que mis venas de
ansiosas, de inquietas.  Venas que se mueven al unísono de un ruido que imita al sonar de unos tambores de ritmo formal y aburrido. Son latidos que se aceleran conforme ese cuello se acerca indecente a una boca que empapada de miedo mezclado con fuego no sabe si apagar el castigo de la vergüenza al alejarse, o vivir la hermosa condena de quedarse a soportar el impacto.  Y se queda valiente esperando que nunca termine ese choque en el que besa ese cuello culpable de más injusticias que atrevimientos. De a poco la ira tapada de afecto se posiciona primero de la boca y segundo todo es cuello y tercero todas son manos que se hacen piel y la piel se hace calor y el calor ya no es más sí mismo.
Y ya no hay nada. Ya no hay nada. No hay más nada.-


Hernán López, contemporáneo.

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