lunes, 6 de agosto de 2012

Nuevo Fulake, por Sheva López



Es un pasillo oscuro. A pesar de que el temor le inunda las venas, no le desagrada, raramente. Es un poco más abajo de los hombros. Ahí comienza, prácticamente donde nace el brazo. Al principio se asemeja a un entumecimiento y lentamente lo que empezó asomándose como un cierto calor, se convierte en menos que segundos, en cristal. Bueno, en realidad no es cristal, es frío. Sólo que es tan frío que se extiende a lo largo de la extremidad terminando en forma de vidrio. Los dedos se sienten cual armas blancas sin previa elaboración; naturales, por demás. He escuchado que esta sensación se produce cuando lo vital que forma la sangre ya no puede evitar demostrar que está presa de temor. En realidad, esclava de temor. Tanto que quizás olvidó hervirse en cólera para facilitar su propia circulación y permitir así la continuidad del funcionamiento del mundo que la rodea. Como si fuese poco. De su vida.
Pero su criterio es casi excepcional. Posee una templanza envidiable y cuenta con ese segundo, ese tan preciado segundo, que disfrazado de eternidad, posiciona la realidad a metros de distancia. Y abriendo el campo de observación en medidas proporcionales a su capacidad de decisión, lee la situación y justo cuando transcurre aquel segundo por completo, vuelve violentamente hasta dentro de sí y actúa. Esto, no es otra cosa, que inteligencia. Pero, la inteligencia sentada sobre el espacio esperando compañía se vuelve nula. Ella lo sabe, claro está. Por eso mismo (y prosiguiendo) levanta el mentón hacia el frente y aunque el flequillo le tape los ojos, conoce perfectamente, cuales son las palabras que debe pronunciar. Puede que en ocasiones altere el orden y esto la deje, en un principio, al ridículo. Pero al fin, es irrelevante. Sólo es una hermosa alteración de lo sano que es su juicio cuando se lo propone.
Y habiendo pintado sobre un lienzo imaginario que no hace más que intentar esbozar la verdad, encontramos que tiene la templanza, tiene la inteligencia y además, cuenta con la dicción necesaria para expresarlas. Platón diría “por poco ya tenemos un nuevo Fulake” y aquellos de “por poco” está a punto de extinguirse. Porque si algo ha de sobrarle a este boceto de dibujo o a este intento descriptivo de mujer, es la valentía. Por eso es guardián y que se tenga a bien que así sea. Todavía no pintamos la polis, pero si tenemos su guardián.
Pero toda obra perfecta tiene sus defectos y esta no es la excepción. Sucede que al pintarla con tanto cariño y dedicación, después de observarla con tanto detenimiento e inocencia, se denota que posee el peor de los defectos; y es que además de todo lo antes mencionado, está ungida en belleza...!En Belleza! Y vaya adjetivo insano. Y como si todo no bastara, vive envuelta en la mejor de las bellezas, aquella que no ostenta vanidades, ni desborda perfecciones. Cuenta con la belleza más simple entre las bellezas, la que se retro-alimenta así misma, de la mañana a la noche. Aquella que despierta hermosa. Comúnmente hermosa. Es en éste momento cuando los sacrificios ofrecidos al gran Guardián comienzan a carecer de valor. Aquí es cuando todo lo que la rodea se corrompe, se desgasta, aprisiona, se fuga y se disuelve, lentamente. Porque ahora todo es silueta. Todo es sus ojos y todo es su vientre. Todo es su ida y todo lo son sus inclinaciones. Es todo sorpresa cuando llega y es todo congoja cuando ya no está. Ella es todo y ya no es nada. No es guardián ni es justiciera, no es segura ni es pensante, ni es parlante ni es paciente.
Ahora es ella sin su uniforme de Guardián, es aquella que sonríe en todo tiempo, la que se priva de opinar con tal de escuchar, la que además de todo, puede llenar un cuarto de alegría si se lo propone a su ingenio. Ahora es mujer digna de ser contemplada, es compañera y es amiga y vuelve a ser mujer y que injusto que es eso.
Y nosotros que vivimos del otro lado de la línea, ignoramos, por completo. Sólo nos sentamos a ignorar, nos nublamos las mentes tratando de descubrir cuál es la clave, cuando en el fondo de nuestras almas creemos y añoramos que no haya clave alguna, que sólo haya suerte y que haya oportunismo y que la moneda caiga del lado que nosotros anticipamos que lo haría, basándonos en nada.
Volviendo al lado original de la línea, los días pasan y no crece solamente ella. También crece el convencimiento de que la guerra que puede divisar al norte de sus ojos, a través de su pelo, es absurda, que muy probablemente todo sea más fácil. Ella cree que mirar para atrás ya no es negativo, en oposición, es lo mejor que puede pasarle. Comienza a entender todo y por ende a enorgullecerse de sí misma. Sabe que lo está logrando. Sabe que aunque, tal vez, sea inevitable el deseo de consecución instantánea, esto no es más que un abismo. Un abismo que involuntariamente pasó por alto y dejó atrás para verse ahora del otro lado del nudo, con sus logros en los brazos y sus frustraciones en sus piernas.
Ahora entiende que aquello que imaginó obstáculo, fue en realidad, instrumento indispensable para elaborar el presente que hoy mece su cuna, ya no de sueños. Ya cuenta con la capacidad de discernir (por eso jamás dejará de ser Guardián, aunque cueste admitirlo) los buenos momentos de los que no acompañen a sus dientes con augurio. Ella sabe más que nadie, que aquel incendio que fue su vida, hoy es agua que vertida de un jarro elaborado a base de esfuerzo, la legitima, primero, como guardiana de su propia vida; segundo, como guardiana de aquella vida que es y será la extensión de la suya propia; (y como historias cómo éstas no abundan), en tercer lugar, es legitima Guardiana de todos nosotros, sus pares.
Yo la admiro por Fulake, la deseo por mujer, la tengo por amiga, la desestimo por bonita y la aprecio, por sobre todo lo demás, por persona de bien. 


Hernán López, contemporáneo.


nota del autor: "sólo sé que hay un sólo Dios, que es Alá y Mahoma es su profeta"

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