martes, 7 de agosto de 2012

Lamentos por Mariana, por Sheva López


Mariana es el último escalón del desafío que el amor dicese ser. Ella es la última bocanada de aire que atrévese a mi a boca cuando me dispongo a perecer. Es el último sueño que como una ráfaga de viento intenso pasa por mi mente en el momento anterior a que despierto. Mariana es el final de la poesía que nunca escribo, es la última rima de la canción que nunca toco. Ella es la última luz que siempre me olvido de apagar cuando dejo a mi casa abandonada a la suerte cada vez que me voy lejos a pensarla. Es mi último lamento, la ûltima gota que me cae por el rostro, que del ojo se resbala hacia uno de los vertices de mi boca. Mariana es la última vez que me callo la boca por no decir lo que pienso. Es el último rincón donde me escondo, por inocente y por cagón. Es la última estrella que fugaz cae del cielo y me golpea la nuca para que despierte por no quedarme dormido a tiempo. Mariana es el último empujón que columpia la hamaca en la que estúpido estoy sentado y es a la vez el último viento que me roza la cara y me despeina la mente antes que deba dejar de jugar en la plaza, contento, libre. Ella es el final de una ruta que no va a ningún lado más que a aquel donde tanto ansío llegar que es ella. Es la última pelea antes de obtener la medalla de oro, el ûltimo escollo que perder antes de volverme a casa con nada.
Mariana no sabe de discordias. Ella sólo conoce la inocencia que envuelve a la mujer de bien, sagrada piedra que construye a la montaña del deseo. Poque ella también es deseo, es fuego en estado de pureza que implosiona en el pecho desafiando a cualquier infarto. Un momento de furia incontrolable, indigno de la razón, hijo del sentir. Es una caja que por fuera revistese de elegantes adornos encintados y orfebrería antigua, hermosa y aburrida, pero que dentro contiene una luz de pasión barrial, insanamente interesante, inolvidable y única. Mariana es un cachetazo que esconde un perfil para exhibir otro, es un calor agobiante y un frío inapto para la supervivencia humana. Es tan servil como compañera y tan voraz como un enemigo. Es el más brillante de mis recuerdos, como esa perla que se distingue por sobre las demás y no por hermosa. Es la joya que posee valor sentimental por sobre las demas del cofre; es un tesoro que ya fue encontrado y los piratas siguen desesperados en su búsqueda, ignorantes, ilusionados, perdedores. Mariana es un pedacito del pan que se reparten los pobres que sin casa y con el puente por techo, se miran los ojos, con amor y desconfiando uno del otro antes de la cena que no es cena. Ella es ese vaso de agua que no se le niega a nadie y es la antártida entera que queremos negarséla a todos, invasores, seres viles. Mariana es un ser tan pero tan pequeño que pasa a ser gigante cuando muestra el reverso de la piel y déjase ver el corazón que de grande no le entra en lo humilde de su pecho.
Mariana es la carta que no escribí y el te amo que no esbocé. Es la acciôn de oro de la empresa que vendí, inconsciente y altanero. Idiota. Ella es un mar de certezas que colapsan con mi cuello y lo quiebran a vacilaciones dejandome inseguro,  sin rumbo, perdido, por siempre. Ella es el animal del que no sé el nombre pero que enternece mis cejas cuando se juntan por culpa de mi expresión de cariño y ganas de besarla. Es maestra de aquello que desconoce pero a la perfección enseña y alumna de aquello en que es experta pero apende de nuevo por humilde, por amable, compañera.
Mariana es el papel donde escondo la lista de mis lamentos. Es el espejo donde veole la cara a mis fracasos. Es la amargura que me desgarra la aorta de bronca, insana, irremediable. Terrible situación de desazón. Ella es la sintésis de aquella guerra constante entre mi pecho y mi cabeza, entre la mente y el alma. Mariana es tan linda y verla me hace tan mal... verla me hace tan pequeño. Más aún. Ella es un tarrito lleno de cariño y de ternura, es una caricia en un costadito del alma. Es divina. Y es paciente y altanera, es amor por la patria y admiración por lo ajeno. Todo junto. Una confusión explosiva.
Mariana es tesoro ajeno y yo soy un pésimo pirata, pero un gran lamentador. Mariana es el otro lado de la frontera y yo no tengo pasaporte. Es una foto del pasado y yo perdí los anteojos para verla. Ella es una historia, un cuento hermoso y yo no sé leer, ¡No sé leer! ¡Qué tarado! Mariana es el sobre que guarda mi inocencia de jóven y mi primer pasión de hombre. Ella es primera en todo. Ella es inicio, comienzo, largada. Mariana sería mi mejor fin y es punto final de prosa ajena.
A mi culpa la consuela sólo mis lamentos. A ellos ni mi negligencia de imberbe me los puede arrebatar. Benditos sean, al igual que tus ojos negros y tu aura blanca Mariana.


Hernán López, contemporaneo.

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