domingo, 5 de agosto de 2012

Tomando Consciencia, por Sheva López



: - Sin dudas me deshonraste descaradamente. ¿Lo sabés, verdad?
: - Si, soy consciente.
: - ¿Estás al tanto de la ruptura de mi sueño? ¿Me escuchás dar vueltas por la noche? ¿Me oís toser llegada la madrugada?
: - Si, soy consciente de los ruidos, me sofocan.
: - Hijo, siempre traté de marcarte un camino, no más que eso. Pude haber errado en mi forma de manifestártelo quizás, pude haber errado en mi método de enseñanza. Admito. Admito que pude haber sido yo el equivocado en mi manera de dirigirme hacía vos. Pero más allá de todo, confié en tus capacidades de comprensión, de asimilación de conceptos.
: - No, soy consciente de que el error fue mío.
: - Es sólo que te estimo por demás y creo conocer tus virtudes, tus cualidades. Pienso que en esta casa se te concibió bajo las luz de los valores. Se te acunó con brazos suavizados por el espíritu de la moral. Se te cuidó querido, se te crió contemplado ante las leyes de Dios. ¿Cuál fue el error?
: - No hubo error en mi crianza, soy consciente de mi falta por negligencia propia.
: - Pero por favor, no te encierres en el vacío. No respondas por inercia. Contame, compartí conmigo tu congoja. Explícame por qué se te dio por adoptar a la coherencia como motor principal. Decime por qué te bañaste en honestidad. Te suplico me señales quién te sumergió en la honradez, quién te indujo a la responsabilidad. Sólo te pido que me confieses quiénes te cambiaron.
: - No existen más consciencias erradas que la mía. Solamente ella desvió el camino de Dios. Y es consciente de eso. Se siente culpable. Tose igual que vos por las noches.
: - ¿Acaso no te alertamos de lo soez de la proyección? ¿No estipulamos en esta misma mesa que la seriedad no te conduciría al jardín del Señor? ¿No te juramos que la constancia no reflejaría jamás los valores del ser digno? Contestame, ¿No te dijimos que la naturaleza del hombre debe ser el conflicto? ¿No lo leímos e interpretamos juntos en la Biblia misma?
: - Si, soy consciente de aquella tarde. La recuerdo perfectamente y estuve de acuerdo en lo que dedujimos.
: - Y sin embargo... hoy estás acá. Cuando no deberías. Sin embargo, hoy sos un electrón más que rodea el núcleo de la verdad y hasta me animaría a decir el núcleo del bien. Hoy lo correcto está fuera, no en tu alma. Hoy la falsedad ya no ilumina tus pasos. La competencia que te inculqué desde chico no brilla en lo inocente de tus ojos. Ahora tu personalidad es una y la mostrás con orgullo como si te hubiésemos formado tan incompetente. Hijo me das la mano firme, porfiado. Me das la espalda con confianza. Te alejas con una tranquilidad irritante a los ojos de tu propio creador. ¿Cuántas mentiras soporta tu consciencia? ¿Cuánto se dilata tu paz? ¿Cuánto vale hijo tu alma?
: - Ya mi consciencia no vale. No tiene ningún valor. Ni lo tendrá hasta que recupere mi verdadero yo, aquel que supiste ayudarme a formar con tanto esmero y dedicación.
: - Todo eso ya no sirve. Todo aquello fue en vano. Mis palabras sobrevivieron al viento y perecieron ante tus ataques de honradez. Agonizaron bajo tus manos inundadas de preocupación y verdad. Murieron, murieron de sed en tu mar de absurdas moralidades. Se incineraron en tu infierno idealista. Se aislaron separándose de tu tierra del nunca jamás, de tu utopía de fé. Hijo, se quebraron al oírte en silencio. Se desquebrajaron en llantos al descubrirte humilde y victimado. Mis palabras nunca valieron nada en tu consciencia y así lo demostraste, escalón por escalón, cabizbajo. Tu falta de rebelión, tu escaso espíritu sindicalista, tu pobre carácter inerte te despegó de esta familia. Te desheredó de tus bienes a percibir de la corrupción en la que supimos jactar la esencia de esta familia.
: - Si mi consciencia hablara te aturdiría a disculpas.
: - Si tu madre viviera te disculparía aturdida. Te miraría con ojos perplejos, desilusionados. Te preguntaría cuán libre es tu alma ahora que llevas el estandarte de lo correcto. Te preguntaría cuánto ganaste con tu política de bienestar. Te preguntaría si recordás cuándo dejaste de ser vos para ser otro. No entendería a tus nuevos ojos, esos que te permiten ver al otro como un ser tan digno como vos. No comprendería tus políticas de cooperación, tu demagogia de paz ni tus huidas al enfrentamiento. Tu madre no te reconocería, porque de hacerlo volvería a morir para jamás regresar.
: - Mi mamá es consciente aún muerta que mi conciencia me jugó una mala pasada, pero que ya volverá por mi, por el yo verdadero.
: - De ahora en adelante te libero. Te regalo tu cuerpo y tu alma. Le entregó tu esencia al mundo, se la cedo. No puedo llevarte más de la mano, has sobrepasado mis limites de sangre, azul escudo. Reíste ante mis consejos y esquivaste mis suplicas. Ya no me mereces ni te merezco. Ya sos sal del mar puro, sos libre de tu cárcel, sos verdad de nuestro incierto.
Pero antes de despedirte quiero oírte fundamentar tus aciertos y justificar la tranquilidad de tu conciencia. Hablá ahora porque mis oídos ya no oirán nunca más la simpleza de tu moral, tu concepción de lo correcto. Excusate hijo, vamos, es tu última oportunidad, nuestro sistema ya te apartó hasta que encuentres otro que cobije tus menesteres de satisfacción. Te escucho...
: - Papá, mi conciencia es muda, sólo habla en los ojos de aquellos que me contemplan como su simple par, su simple amigo de lucha. Sólo me remito a decirte que nos veremos en la próxima batalla...


Hernán López, contemporáneo.


nota del autor: así se corrompe la psiquis de un jóven de 19 años echado de su primer trabajo.

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