lunes, 29 de octubre de 2012

Segunda, de las cinco cartas a Celina, por Sheva López


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   Vos me conoces más que nadie mujer. Sabés que las promesas son puñales para mí y más si te involucran. Es por eso (entre tantas otras razones), que vuelvo a escribirte. Al principio, creí que lo más acertado sería esperar a que contestes mi primer escrito, pero, hace tiempo ya que lo envié y todavía no he tenido respuesta alguna. No encaja en tu imaginación Celina lo insufrible que pueden llegar a ser dos días sin saber de vos. Son algo más que siglos sin revancha.
   Desde ya, te adelanto que habrá una próxima carta... y es que cuando te escribo se me ocurren kilómetros de letras que esbozar en lo triste y blancuzco de estas hojas que son mi vida. Pero sucede que no me entran tantas palabras en una sola vida, al igual que no pueden expresarse tantos sentimientos con una sola lengua y sinceramente no pretendo aburrirte. Alguna vez escuché que el ser humano no puede estar absolutamente concentrado más de cuarenta minutos corridos y es lo que puede llevarte leer esta carta alrededor de tres veces y entenderla como yo pretendo que lo hagas. Por todo esto, prefiero esperar... quizás llegues a pensar que me olvido de tu ser, pero Celina... no existe tal probabilidad en mi mundo, por favor, no seas tan necia. Me enerva cuando te ponés en esa actitud tan necia. Todas las mañanas despierto pensando en tu nombre y los recuerdos me desbordan la mente que rebalsada de ambiciones te piensa sin pausas, sin interrupciones, sin descansos. Celina, equivoqué el camino; proyecté pensando en los dos yo solo; me olvidé de la otra firma del contrato; formé un emprendimiento millonario con el espejo y se quedó con todas las ganancias, ese traidor hijo de puta que no soy sino yo mismo. Estoy un poco desmedrado... llegué a pensar que mi vida no tendría más sorpresas, ¡Qué locura! Hasta se me ocurrió lastimarme acto seguido de pensar tal ingenuidad. Se nubló mi mente en segundos, sin dejarme pensar en cuántas Celinas podría llegar a conocer... como si fueses única, !por favor! Aunque reflexionando un poco, no erré completamente: si contabilizo las Celinas en mi vida, voy cero exceptuándote. Eso me preocupa bastante pero sé que lo puedo superar, soy muy obstinado con lo que quiero (menos con vos, por supuesto); jamás te hostigaría... Sería un profundo dolor para mí Celina, el enterarme que te hostigan mis palabras. Todas se dirigen a tu persona, aunque no seas el otro de mi conversación.
   Te voy a contar algo muy cómico: últimamente, estoy practicando una suerte de juego al relacionarme socialmente. Yo soy el único participante y el único enterado de su existencia. Dejé mi encierro aislacionista y estoy soltándome mucho más en sociedad. Estoy conociendo mucha gente nueva -por sobre todo mujeres-. Trato de que se diviertan al escucharme, que se interesen al verme y hasta que se animen a extrañarme. Les hablo como si te hablase a vos... y conforme a cómo me respondan, voy memorizando todas las posibles respuestas que podés llegar a darme, para cada comentario en particular que pueda yo hacer en tu presencia -si alguna vez me toca volver a disfrutarla-. El abanico es infinito pero ya son incontables las madrugadas que llevo estudiando cada una de las alternativas. Tengo que estar preparado al cien por ciento cuando te vea de nuevo. Sí Celina... sé que no sos como las demás mujeres, tus respuestas no son burdas ni estereotipos absurdos; por eso mismo sos lo que sos para mí, pero... tengo miedo de que me pruebes cuando nos encontremos. Es decir, quizás escribir esto haga que ahora cambies de plan (si es que lo tenías), pero también entiendo que existe la probabilidad de que cambies de personalidad al verme para ya no interesarme, un juego sucio pero inteligente, digno de tu mente siniestra. Es así que estoy forjando el método de seducción para cada personalidad que puedas llegar a interpretar. ¿Yo también puedo estar en todo, no Celina?
   Pienso que las casualidades no son dignas de tu alma. Si bien me encantaría tenerte por lo que soy, entiendo que la casualidad de nuestras personalidades no congeniaron en algún punto que de tan exacto nunca encontré, y eso originalmente me preocupó tanto que logró sustraerme gran porcentaje del aire que mis pulmones necesitaban para respirar y así vivir, y así poder mirarte. Pero Celina, crecí mucho en éste tiempo, saqué conclusiones, até cabos... no es que no soy para vos, es que no cambié lo suficiente para serlo.
Hace poco descubrí que no importa cuánto uno se esfuerce por algo sino cómo se esfuerce. La constancia inclina, pero no define. Son grises en una escala interminable. Y son los colores primarios que forman las esencialidades de la vida. Nunca lo había pensado pero el mar es azul y el sol, amarillo. El infierno es rojo Celina, como tus ojos. Jamás volví a conocer a alguien con tales ojos fuego. Y hasta creo que nunca te hablé de tus ojos... Tus ojos siempre fueron la cornisa en la que quiero estar. Si supiese que yace el abismo más profundo detrás de tus ojos, correría por encontrarlo. Y tu pelo... creo que nunca te hablé de tu pelo... Siempre tuve la imagen de tu pelo como la noche de un cielo en estado liquido. Jamás vi algo tan negro como tu pelo. Me avergüenza intentar recordar si alguna vez te hablé de tu boca... -Por si no lo hice-, te cuento que la primera vez que contemplé tu boca creí que sólo hablarías cuando Dios lo disponga, y es que supuse que solamente podría pronunciar lo sagrado y no me equivoqué: porque Celina... lo primero que escuché de tu boca fue tu nombre.
   Celina, ya no estoy confundido. Quiero vivir en la noche de tu pelo sin ver el abismo detrás de tus ojos y caer, caer escuchando a tu boca pronunciar lo sagrado que es tu nombre para mí.
 Celina ya no estoy desorientado, estoy definitivamente mal. Celina, las dudas me piden explicaciones, no les puedo mentir más. Me preguntan por vos, ya no sé qué inventarles. 
Estoy decidido, vas a tener noticias mías muy pronto.


Te deseo lo mejor, que por ahora, no es conmigo, no lo merezco...



Hernán López, contemporáneo.

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